Vaya sorpresa, terrible noticia...
jueves, 13 de diciembre de 2012
sábado, 7 de enero de 2012
Feliz sin escribir
sábado, 29 de mayo de 2010
Rehilete
Desde hace mucho tiempo había un rehilete multicolor con forma de girasol abandonado en el jardín de la casa. Lo clavamos en el rincón más apartado, en el sitio que antes ocupaba alguna planta que ya se secó. El peor lugar para un rehilete.. jamás recibía el viento necesario para girar aunque fuera un poco. Finalmente hoy lo redescubrió Sofía, mi hija de tres años; me estiré lo más que pude para colocarlo en la cima de la barda trasera de la casa, justo en la cara que da al monte, en medio de una de las botellas de vidrio que sirven como protección del inmueble, donde siempre está soplando el viento por el efecto de ladera que se forma en la cañada del Cerro del Hormiguero; de inmediato comenzó a girar de lo lindo el rehilete, como si nunca hubiera estado inactivo.
De sobra está decir que mi hija se encontraba fascinada; lo observamos durante varios minutos cambiar de posición e intensidad de giro, dependiendo por completo del viento y sus caprichos. También el gran árbol que se encuentra detrás de la casa de al lado y las golondrinas se regocijaban con el dios Eolo; además vimos pasar las nubes que derivaban desde el oeste y la estela de un avión comercial que seguramente sobrevolaba a varios miles de pies de altura. Todo esto me lo iba señalando mi hija, y yo lo veía con interés, pero mi mente, como es común en estos días, meses o años, ya se encontraba a años luz de distancia.
Ese simple detonante del rehilete girando, su armonioso sonido y las infinitas combinaciones de colores y ritmos que formaba al paso del viento, fueron suficientes para traer a colación todo el micro universo personal que me atormenta (¿o extasía?) en los últimos tiempos. Mi cabeza es un torbellino incluso peor que el que solía ser hace algunos años. Desde que entré a las cuestiones bursátiles como trader activo mi mente no descansa un solo segundo, ni siquiera cuando duermo. Todo el tiempo estoy pensando en gráficas, índices de precios, noticias, reportes financieros y demás chingaderas por el estilo. Me encuentro absorto por completo en una especie de “Matrix” personal que me he construido casi sin quererlo, sin darme cuenta siquiera del pedote en el que me estaba metiendo.
Hoy es domingo 30 de mayo de 2010, me asomo a la ventana que da hacia el Cubilete y veo algunos puntos que sobrevuelan las antenas de Cristo Rey. Son mis antiguos compañeros de vuelo libre, ayer me encontré a algunos de ellos en un concierto de jazz que hubo en el bar Corcho de Baco y me invitaron a la voladera.. incluso uno de ellos toca la tuba en el grupo de jazz del lugar; es un gringo divorciado que anda calientísimo con el vuelo en parapente, justo como andaba yo hace algunos años. Yo ya me he retirado del vuelo libre, actividad apasionante pero demasiado riesgosa (ya han muerto demasiados amigos cercanos); ahora estoy regresando a los ultraligeros, el paramotor y los aviones, donde me siento más cómodo y el riesgo, aunque siempre está ahí presente, resulta mucho más controlable. En fin, la cuestión es que ni siquiera el vuelo me llama tanto ya como los mercados financieros. No fui a la volada por estar pendiente a la apertura de los mercados asiáticos (en el horario local -centro de México- abren a las 5:00 p.m.); mi nuevo éxtasis se llama divisas, Forex, metales, commodities, bolsas, opciones.. mercados, vamos. Esa es mi nueva pasión. Mi más reciente adquisición en el portafolio de riesgos personal. La ventaja más notoria respecto al vuelo es que aquí sólo puedo perder dinero, y en el vuelo además de dinero va la vida de por medio. Pero fuera de eso las similitudes son muchas.. en ambas áreas se trata básicamente de una lucha incesante contra los elementos (el clima y la meteorología en el vuelo, y la volatilidad extrema de los mercados financieros actuales en el Forex), contra uno mismo y contra el efecto grupo o de competencia; las dos actividades son multidisciplinarias, involucran aspectos como psicología, filosofía, matemáticas, física, aerodinámica, estadística, probabilidad, etc. En pocas palabras, bien podríamos decir que en estas dos cosas se resumen los más grandes anhelos del ser humano a lo largo de la historia; volar, ser millonario, tener libertad y poder absolutos, sobrevolar el mundo. Ahora que si le añadimos otra de mis aficiones, la literatura, el arte, que pretende por sobre todas las cosas la inmortalidad, la vida después de la vida, seguramente he de ser la persona más ególatra y ambiciosa que ha pisado este planeta.
De sobra está decir que todo eso me ha llevado a ser un perfecto ermitaño, aislado casi por completo del mundo. Ya nada me satisface, todo me molesta, cualquier cosa resulta insuficiente. E inevitablemente he llegado de nuevo a la imbecilidad primitiva, al principio donde todo comenzó. Me he convertido en una especie de autista, de niño salvaje, de bestia incontrolable.. pero soy muchas cosas, soy muchos; me aqueja el mal de Pessoa, mis heterónimos me agobian sin cesar, tiran de mí (como siempre han hecho) en direcciones contrarias, caóticas, impredecibles. Soy un auténtico volcán a punto de estallar, para usar un lenguaje conocido, manteniéndome sobre la tierra y al menos hablar en palabras de otro loco, Nietzche. El Yo Más-Turbado nunca se calla, jamás apaga su chillido de mono en celo.
Tengo una familia, tengo a mi esposa y a mi hija, a mis padres y a mis hermanos.. pero yo estoy a años luz de distancia, sin posibilidad de retorno a la vista. Lo he perdido todo, el disco duro que contenía mis fotos, mis escritos, mis recuerdos, mis proyectos, se chingó irremediablemente. Eso, aunado al rehilete insignificante, me han dejado en un estado aún más perturbado que de costumbre. A mi abuelo acaba de darle un infarto cerebral en esta semana, mis perros se fueron hace tiempo y Dana, la gata que teníamos, ya no volvió; seguramente las jaurías de perros de
Hace mucho tiempo que no escribía nada, este es mi primer texto en años. Me he convertido en una máquina de matar (o al menos eso pretendo), la sensibilidad y la pasión se fueron al carajo y me vale madre, no las extraño en absoluto. Estoy mejor así, pero algo me falta, siempre algo falta. Cuando era más joven tal vez pude refugiarme en pendejadas como el alcohol, las drogas o mujeres.. pero eso son niñerías, mamadas idiotas de pubertos ociosos. ¿Ahora que me queda? Ni siquiera el vuelo, solamente los mercados financieros son lo suficientemente retadores como para estimularme un poco. Estoy descontento con todo y con todos, pero al mismo tiempo en paz con el universo, con la vida y conmigo mismo. No deseo ya nada, el dinero que gano no tengo en qué gastármelo. Los viajes me aburrieron hace tiempo y cualquier tipo de juguete caro como autos de lujo, pantallas de plasma, refrigeradores gigantes y demás, me dan una hueva espantosa. ¿Qué hacer en un mundo que ofrece tanto y tan poco? Solamente deambular, vagar por las calles a la espera de alguna sorpresa, un libro raro tal vez, alguna herramienta desconocida, no sé. Vagar como siempre ha hecho el hombre y todos los seres del planeta, esperando a la muerte y mientras tanto buscándonos pasatiempos, maneras de complicarnos la existencia, problemas para resolver y así al menos sentirnos un poco útiles en medio de esta marejada de ociosidad y tedio.
Sé que puedo sonar como la persona más oscura y pesimista sobre la faz de
Voy a publicar este texto como entrada en un blog que abrí hace tiempo, así al menos, aunque a los discos duros se los vuelva a cargar la chingada, quedará una chispa fugaz de cómo me sentía en este 30 de mayo de 2010, a un año justamente del último texto publicado. Espero recordar las contraseñas, porque hasta de eso me he retirado por completo. No más Messenger, nada de Facebook ni Twitter ni nada de esas puterías.. ya no tengo de qué platicar con casi nadie y hasta que me marquen al teléfono celular me molesta bastante. He abandonado mis proyectos de novelas, de rutas de vuelo.. lo único que ronda mi cabeza por estos días son las gráficas, textos y reportes financieros.
El rehilete sigue girando sin parar, los colores cambian, la luz del sol se apaga detrás del Cerro del Cubilete y un esplendor naranja lo abarca todo por un instante.
No cabe duda: la vida es maravillosa.
domingo, 31 de mayo de 2009
Los ojos de la muerte
jueves, 21 de mayo de 2009
Todo es lenguaje
sábado, 16 de mayo de 2009
El tamaño sí importa
Decía Bolaño en 2666, que a las muertas de Juárez (o de Santa Teresa, como prefieran llamarles) nadie las pelaba, a pesar de ser tantas y haber muerto bajo condiciones tan violentas y salvajes, porque en realidad no pertenecían a la sociedad, eran seres pequeños e insignificantes, bichos obreros de maquiladoras en el norte de México. El asesinato de JFK o Lennon importan porque su tamaño (ante la sociedad al menos, debido a su fama sobre todo) era grande; hasta la fecha continúan los programas televisivos que especulan sobre conspiraciones, asesinos múltiples, etc.
El mismo Bolaño ponía el ejemplo de los barcos que transportaban esclavos desde África hacia Estados Unidos, donde buen porcentaje de "la carga" (es decir, negros) se perdía y nadie decía nada ni pedía que se juzgara al capitán del barco por la muerte de tantos seres humanos en un solo viaje. Sin embargo, el repentino acceso de locura de un habitante de Virginia que mató a su madre era la noticia del momento incluso durante meses enteros, hasta podía llegar a convertirse en leyenda al correr los años. Y todo porque él sí pertenecía a la sociedad, tenía un nombre y apellido, estaba dentro de los muros, en el sistema, etc.. su tamaño importaba, tal vez no tanto como el de otros, pero importaba.
Otro ejemplo claro: mi gata acaba de matar a dos golondrinas de tres que se habían establecido en la cochera para dormir, incluso decapitó a una de ellas. Sentimos pesar, ya que hasta les habíamos sacado fotos, y ahora la que queda parece muy triste (o eso nos imaginamos, tal vez a ella no le importe en absoluto). Dana (la gata) se pasa la vida matando insectos, arrancándoles las patas a los grillos y torturando alacranes o cualquier tipo de bicho; eso no nos parece tan salvaje, supongo que por la misma simple y sencilla razón: el tamaño.
Más ejemplos.. ayer casi nos partimos la madre en la carretera, regresando de Querétaro (por cierto, del funeral de la abuela de Mafer, a propósito de muertes y tamaños.. era una mujer grande y como tal, se le lloró mucho). Una puta vaca de mierda se atravesó en el camino, frente a la planta de Siemens, viniendo por la libre, ya que siempre tomo la desviación hacia Guanajuato en Los Infantes viniendo de Irapuato (¿qué caso tiene pagar la caseta cuando haces prácticamente el mismo tiempo? además ya era de madrugada y no habría tráfico por la libre, que es lo que luego entorpece el recorrido en Las Teresas). En realidad, el camión que traía pegado a la cajuela ya me había puesto de malas varios kilómetros atrás (otro claro ejemplo de que el tamaño sí importa.. seguro que si se tratase de un vocho no me hubiera perturbado tanto), venía muy cansado porque además la noche anterior casi ni dormimos, el viaje de ida, etc., pero bueno, al final se combinaron varios factores: la poca iluminación del lugar, el que a último momento el chofer del camión me haya echado las altas, yo pensé que haciéndomela de pedo, así que volteé por el retrovisor como solemos hacer en ese tipo de casos, pero es muy probable que lo haya hecho para avisarme de la vaca al notar que no reducía la velocidad, o tal vez él mismo no alcanzaba tampoco a divisar del todo bien la silueta de la res, que por cierto no tenía casi manchas blancas, así que se confundía fácilmente con una sombra provocada por los árboles o algo por el estilo. Total que de no ser por Mafer que me gritó ¡cuidado, vacaaaa!, me hubiera estampado con la oscura res (lo que me recuerda al chiste aquel donde al emparejarse un coche con otro en una curva, un conductor le grita al otro ¡animal!; como es de esperarse este último reacciona mentando madres a diestra y siniestra, justo antes de estrellarse con una vaca). En ese mismo tramo, unos kilómetros antes, a la altura de la desviación hacia Cuevas más o menos, hace poco atropellé a una liebre. Salió de pronto, se lampareó con las luces del auto y por más que traté de esquivarla sólo sentí como pasaban las llantas sobre el infortunado animal.. pero hay una diferencia notoria entre arrollar una liebre y una vaca ¿cierto? Adivinaron, sólo por el tamaño, ¿verdad que sí importa?
lunes, 11 de mayo de 2009
2666
Es una buena novela, sin duda, pero lo que más me llama la atención es que Bolaño supo identificar a lo largo de su vida que México, este país donde nací y sobrevivo (hasta ahora), ombligo del mundo, engendro maligno incubador de la influenza porcina, narcotraficantes, políticos corruptos, asesinos, secuestradores, guerreros saca-corazones y antepasados con visiones apocalípticas, precisamente aquí, en la "tierra baldía" de Pedro Páramo, es donde todo ocurre.
Aquí cayó el meteorito que terminó con los dinosaurios y es muy probable que también algo tenga que ver México en el próximo evento de exterminio global. Sin embargo, los habitantes de esta nación olvidada, fantasmagórica y decadente, se mantienen extremadamente tranquilos ante holocaustos, pandemias, guerras, desastres naturales o cualquier otro tipo de catástrofe; como si no nos importara, pues en el fondo sabemos, con la certeza de aquel personaje de Sartre en La Infancia de un Jefe, que la muerte, los asesinatos y violaciones, poco importan en la gran historia del Universo.
