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lunes, 20 de agosto de 2018

El otro lado / The other side

Todos nuestros miedos se reducen a uno solo -me dijo sonriendo-, el miedo a la muerte. Ponemos muchos otros enfrente para ocultarlo, pero al final es sólo eso, miedo a morir, a ya no estar aquí, a abandonar este cuerpo y esta tierra que conocemos. Es nuestro mayor miedo en la vida. Así que cuando dominamos el miedo a la muerte, somos libres. Es esa comprensión del miedo lo que nos hace no tener más miedo. Seguimos hacia adelante, y cuando llegue nuestra hora, estaremos preparados. Porque a estas alturas ya no puedes retroceder, sigues adelante. Es nuestra oportunidad de ser libres. Pienso que por eso estamos aquí, para aprender eso. Es un poco irónico, nacemos para aprender a morir. Al final, todos dejaremos este planeta, o este cuerpo tal como lo conocemos. Pero es en los últimos suspiros de nuestra vida en los que, si somos conscientes, podemos llevar esa conciencia con nosotros y avanzar hacia el próximo viaje.

A veces los guías aparecen en sueños... en otras ocasiones son de carne y hueso, pero igual pueden ser personajes de ficción en los libros o incluso árboles. También les gusta ocultarse entre los animales, la música, los niños y los ancianos. Nunca se sabe, tienes que estar alerta para reconocerlos. Les gusta el disfraz y son maestros en lo que el Don Juan de Castaneda solía llamar desatino controlado, el sutil arte de hacerse pasar por idiota para atraparte. Sólo aquel que puede pasar por estúpido puede hacer estúpido a cualquiera.

Al final lo que importa es tu linaje, a qué clase de guerrero perteneces. Yo sé que he estado cazando búfalos en las praderas de lo que hoy llamamos Oklahoma, hace ya algunas generaciones, entre los nativos americanos, y algo me llama fuertemente de regreso. Sé también que una guerrera de mi linaje, Chonita, mi abuela, acaba de completar exitosamente su transición al otro lado, después de un hermoso desatino controlado de casi cien años en esta tierra.

Contra todas las probabilidades, finalmente lo consiguió y está entera en los linderos de los mundos. Hace poco vino a despedirse de mí, me dijo que ya es hora de partir y no podrá visitarme más. Nos abrazamos, lloramos y nos despedimos. Pero como decía Pessoa, estoy triste y no estoy triste, porque es como tener un pariente esperándote en el gabacho. Sabes que todo será más fácil con esa ayuda de alguien que se adelantó y ya se sabe los trucos del nuevo país. Todo se trata de eso, aprender las mañas y trucos... una vez que logras descifrar el misterio de la esfinge todo es simple y cuesta abajo; desentrañar los misterios del Universo por tu cuenta es muy difícil, vale la pena intentarlo por supuesto, te forja el espíritu y el carácter, pero cuando te encuentras con guías en el camino no hay que desaprovecharlo, es ayuda invaluable para tus batallas.

El otro lado puede ser España, Estados Unidos, Alaska o la muerte. Perder el miedo no es fácil, pero debemos intentarlo para conseguir nuestra libertad. El idioma que se hable no importa, you can be anywhere if you lose your fear.

Toda la obra de Castaneda también hablaba de lo mismo que decía la guía: si somos conscientes, podemos llevar esa conciencia con nosotros y avanzar hacia el próximo viaje. El objetivo último del guerrero es la libertad; cruzar el umbral entero, sin miedo.

lunes, 21 de octubre de 2013

El doble

La cuestión del doble en la literatura es muy común, empezando por el libro de Dostoyevski, El Doble, o con Herman Hesse y su Lobo Estepario que nos lleva después hacia la multiplicidad de yoes al estilo Pessoa... y por supuesto Carlos Castaneda y las enseñanzas de don Juan y don Genaro, donde los más grandes prodigios de la brujería se ejecutan precisamente por ese doble, una especie de piloto oculto en nuestro interior que, cuando nosotros, el copiloto, la caga muy feo, sale al quite y nos libra del peligro.

He vivido esto en carne propia ya en varias ocasiones, con el helizazo y tantos otros percances de vuelo, pero también fuera del ambiente de vuelo (o no tanto) como con el cuate de San Pancho.

lunes, 14 de octubre de 2013

Parar el mundo

He estado repasando de manera más estructurada los libros de Carlos Castaneda en los últimos meses, a raíz de una conversación que tuve con Hans, mi instructor de planeadores, en la huasteca potosina. 

Parar el mundo, según los testimonios de Castaneda, consiste básicamente en detener el diálogo interno, esa eterna vocecita con quien platicamos sin cesar y que, según las enseñanzas de Don Juan, nos ayuda a reforzar el mundo en que vivimos y creemos real. Si no logramos parar esa voz, resulta imposible acceder a lo que llaman segunda atención, nagual, segundo anillo de poder, etc.

Esa vocecilla siempre me ha obsesionado, a ella se debe incluso el título de este blog... El Yo Más-Turbado es ni más ni menos que esa voz imparable, una compañera tan pegajosa que resulta en muchas ocasiones molesta, aunque tantas otras nos haya salvado y guiado a lo largo de nuestra vida azarosa.

sábado, 12 de octubre de 2013

Es lo mesmo, diría Agapito...

Hace tiempo tenía un amigo de nombre peculiar, Agapito Mesobas, que para todo decía: "es lo meeeesmo".

Nos burlábamos de él por su indiferencia y timidez, pero años después entiendo la gran sabiduría de sus palabras.

Soñar o vivir, reír o llorar, la misma cosa todo, accidentes sin importancia.

Lo mismo da que se trate de La vida es sueño de Calderón de la Barca o Carlos Castaneda y Las enseñanzas de Don Juan... todo apunta hacia esto: no difiere mucho nuestra vida cotidiana de los sueños, de la muerte y otras realidades alternas.

En el universo sin forma ni principio ni final, ¿qué podría hacer la diferencia?